Segundo Estudio - 1º Parte
Como las fuerzas de Mikael actúan en el primer despliegue del alma conciente
En la época en que empezó a intervenir el alma conciente en la evolución terrestre de la humanidad a los seres del mundo espiritual más cercano a la existencia terrena les era muy difícil acercarse a la humanidad. Los acontecimientos terrestres adoptan una forma que evidencia la necesidad de generar condiciones especiales para que lo espiritual pueda abrirse camino hacia la vida física de la humanidad. Pero a menudo esa forma también nos muestra claramente que cuando actúan todavía los poderes del pasado y ya empiezan a actuar los del presente, hay algo espiritual que intenta abrirse camino enérgicamente a otro elemento espiritual.
Y de ese modo, entre 1339 y 1453, se desarrolla una compleja guerra de más de cien años entre Francia e Inglaterra. Esa confusión basada en cierta corriente espiritual desfavorable al desarrollo de la humanidad, hizo que se frenaran determinados acontecimientos que habrían provocado la aparición acelerada del alma conciente en la humanidad. Chaucer (muerto en 1400) fue el fundador de la literatura inglesa. Bástenos con tener en cuenta cuales fueron en Europa las consecuencias espirituales de ese fundamento literario, y descubriremos que ese acontecimiento no pudo configurarse libremente, sino que se halló envuelto en la confusión propia de la guerra. A ello hay que añadir que ya anteriormente, en 1215, había empezado en Inglaterra el pensamiento político capaz de recibir su impronta del alma conciente. El posterior desarrollo de ese acontecimiento se ve enmarañado en los obstáculos de la guerra.
Las fuerzas espirituales que quieren desarrollar al hombre de acuerdo con las aptitudes originalmente implantadas en él por los poderes espirituales superiores encuentran en esa nueva época a sus opositores. Esos poderes antagónicos quieren conducir al hombre por derroteros distintos a los que estaban previstos para él desde el principio. Si se desviara, no podría aplicar a su evolución posterior las fuerzas que posee desde los comienzos. Su infancia cósmica se le haría estéril, y se convertiría en una de las partes atrofiadas de su ser. Como consecuencia de ello, el hombre podría convertirse en botín de los poderes luciféricos y ahrimánicos, y se le iría de las manos su propia evolución íntima. Si los opositores de la humanidad no se hubieran visto limitados en sus intensiones y hubieran logrado sus objetivos plenamente, habría podido ser interrumpida la intervención del alma conciente.
Un acontecimiento en el que se constata con especial claridad la afluencia de lo espiritual en los sucesos terrenales es la aparición y el destino de Juana de Arco (1412 - 1431), la Doncella de Orleans. Los impulsos de lo que ella hace se hallan en las más profundas honduras subconcientes del alma. Ella sigue las misteriosas inspiraciones del mundo espiritual. En la tierra reina la confusión capaz de evitar el desarrollo de la época del alma conciente. Mikael ha de preparar su misión posterior desde el mundo espiritual, y puede hacerlo allí donde sus impulsos sean acogidos por las almas humanas. La doncella posee un alma de esa índole. Y aunque le sea más difícil y lo haga en un grado apenas visible para la historia exterior, Mikael actúa también en otras almas. En acontecimientos como los que tenían lugar en la guerra entre Francia er Inglaterra, Mikael encuentra su antagonismo ahrimánico.
En el estudio anterior, hemos hablado del opositor luciférico que él se encontró en esa época. Pero también se le muestra, y muy en especial, en el modo en que se desarrollan los acontecimientos que siguieron a la aparición de la Doncella de Orleans. En ellos descubrimos que los hombres ya no saben qué hacer cuando el mundo espiritual interviene en el destino de la humanidad, intervención que los hombre podían entender y acoger en su voluntad cuando aún existía la comprensión imaginativa. Situarse adecuadamente ante esa intervención se hizo imposible cuando dejó de actuar el alma intelectiva o afectiva; en aquel momento todavía no se había encontrado la actitud que se corresponde con el alma conciente, e incluso hoy en día no la hemos alcanzado.
Ello hizo que en ese momento la formación de Europa se produjera desde el mundo espiritual, sin que los hombre entendieran lo que pasaba, y sin que lo que ellos hicieran pudiera tener ninguna influencia digna de mención en ese proceso.
Bástenos con imaginarnos qué habría sucedido en el siglo XV si no hubiera existido la Doncella de Orleans, y comprenderemos enseguida la importancia de ese acontecimiento provocado por el espíritu. También hay personalidades que quisiera explicar ese fenómeno de modo materialista. Con ellos no podemos entendernos porque arbitrariamente vuelven a acuñar en sentido materialista lo que se manifiesta como espiritual.
Ahora bien, en ciertas tendencias espirituales de la humanidad se muestra cómo ella ya no encuentro ese camino hacia lo divino-espiritual sin dificultades, por muy intensamente que lo busque. se trata de dificultades que no existían en épocas en las que todavía se podían comprender las cosas mediante Imaginaciones. Para juzgar adecuadamente lo antedicho, es necesario simplemente contemplar con claridad a las personalidades que aparecen como pensadores filosóficos. No podemos considerar a un filósofo únicamente por el efecto que ejerce en su época, ni a muchas personas según el modo en que adoptaron sus ideas. Porque el filósofo es solamente la expresión de la esencia manifiesta de su época. Lo que la mayor parte de la humanidad lleva inconcientemente, como constitución anímica, como sentimientos inconcientes e instintos vitales, el filósofo lo lleva consigo en sus ideas. Igual como el termómetro muestra el estado calórico de su entorno, el filósofo muestra el estado anímico de su época. Los filósofos no son la causa de la disposición anímica de su época, como tampoco los termómetros son los responsables del calor de su entorno.
Teniendo en cuenta esto, observemos al filósofo René Descartes (1596 - 1650), que estuvo activo cuando la época del alma conciente estaba ya en marcha. El delgado sostén de su vinculación con el mundo del espíritu (la verdadera existencia) es su vivencia del "pienso luego existo". En el centro de la autoconciencia, del yo, intenta sentir la realidad; mas sólo en la medida en que el alma conciente puede decírselo.
Descartes intenta esclarecer todo lo espiritual por vía del intelecto, investigando hasta qué punto la certeza de su propia autoconciencia le da garantías sobre la certeza de todo lo demás. En todas partes se pregunta por las verdades que le han sido transmitidas históricamente. Si son claras como el "pienso, luego existo"; entonces las acoge.
En un pensar humano de este tipo ¿acaso no es ha eliminado el espíritu de toda la observación dirigida hacia las cosas del mundo? La revelación de ese espíritu se ha retraído hasta el minúsculo soporte de la autoconciencia; todo lo demás se manifiesta directamente sin que se revele el espíritu. En el alma conciente, la luz de esa revelación del espíritu sólo puede iluminar lo que se halla fuera de la autoconciencia de una manera indirecta, a través del intelecto.
De algún modo, el hombre de esta época hace que fluya en el contenido casi vacío de su alma conciente un intenso anhelo del mundo espiritual.
Los seres del mundo espiritual más cercano al mundo terrestre y las almas humanas en la Tierra tienen dificultades para aproximarse entre sí. El alma humana vivencia, con toda clase de impedimentos, la preparación suprasensible de Mikael para su posterior misión.
Si queremos captar la esencia de la disposición anímica que se expresa en Descartes, comparémoslo con San Agustín, que, en su formulación exterior, utiliza el mismo soporte que Descartes para vivenciar el mundo espiritual. En Agustín, esto sucede partiendo de la plena fuerza imaginativa del alma intelectiva o afectiva (vivió del 354 al 430 d.C.). Justificadamente se consideran a fines a Descartes y Agustín, si bien el intelecto de este último es todavía el resto de un intelecto cósmico, mientras que el de Descartes es el intelecto que ya penetra en el alma humana individual. En el avance de la aspiración espiritual de Agustín a Descartes podemos ver precisamente cómo se pierde el carácter cósmico de las fuerzas del pensamiento, y cómo vuelve a aparecer luego en el interior del alma humana. Pero, al mismo tiempo, se observa cómo Mikael y el alma humana, aunque hayan dificultades, se encuentran ahora de tal modo que Mikael puede dirigir en el hombre lo que antes había dirigido en el cosmos.
Contra ese encuentro actúan las fuerzas luciféricas y ahrimánicas. Las luciféricas quieren que en el hombre sólo se desarrolle lo que poseía en su infancia cósmica; las fuerzas ahrimánicas pretenden que se desarrollen únicamente las fuerzas alcanzadas en posteriores eras y que se marchite la infancia cósmica.
Bajo esas influencias opositoras intensificadas, las almas humanas de Europa elaboraron los impulsos espirituales que, como antiguas ideas sobre la concepción del mundo, se habían transmitido de oriente a occidente a través de las cruzadas. La inteligencia cósmica, cuya administración había sido antiguo patrimonio de Mikael, dominaba en esas concepciones.
Mas ¿cómo iban a ser acogidas existiendo un abismo entre las fuerzas del mundo espiritual y las almas humanas? Empezaron por sumergirse en el alma conciente que estaba en ligero proceso de formación. Por una parte, se encontraron con el obstáculo presente en el alma conciente todavía poco desarrollada, y acallaron su actividad paralizándola. Mas, por otro lado, tampoco pudieron encontrarse todavía con una conciencia guiadas por imaginaciones. El alma humana ya no podía hacerlas suyas con plena comprensión. O se las tomaba superficialmente o se las consideraba como supersticiones.
Hemos de tener en cuenta esa constitución espiritual, si queremos entender los movimientos del pensamiento relacionados con nombres como Wycliffe, Huss y otros, por una parte, y con el llamado "rosacrucismo", por otra.
De ello hablaremos en las siguientes exposiciones.
Goetheanum. 30 de Noviembre; 1924.
Directrices relacionadas con la anterior exposición
127- Al despuntar la era del alma conciente, el alma humana desarrolla todavía de un modo limitado sus fuerzas intelectuales. Surge una incongruencia entre lo que el alma anhela en sus transfondos inconcientes y lo que le pueden dar las fuerzas procedentes de la región donde se halla Mikael.
128- Esa incongruencia le da a los poderes luciféricos la posibilidad de mantener al hombre rezagado en sus fuerzas cósmicas infantiles, haciendo que alcance su ulterior desarrollo no por los caminos de los poderes divino-espirituales con los que estaba unido al principio, sino por los luciféricos.
129- Existe también la posibilidad de que los poderes ahrimánicos desprendan al hombre de sus fuerzas cósmicas infantiles y lo atraigan a su propia esfera en su posterior evolución.
130- Ninguna de las dos cosas ha sucedido porque las fuerzas de Mikael no dejaban de estar activas; pero la evolución espiritual de la humanidad debía producirse a través de los obstáculos surgidos por esas posibilidades y gracias a ello llegó a ser lo que es ahora.
Nota:
Este Segundo Estudio presenta una Segunda Parte. Además, la serie cuenta con una Tercer Parte adicional.