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Segundo Estudio - Continuación

Obstáculos y estímulos a las fuerzas de Mikael al despuntar la era del alma conciente

La incorporación del alma conciente también provocó por toda Europa una perturbación en las vivencias culturales y confesionales de la religión. En el paso entre los siglos XI y XII ese trastorno se anuncia claramente en la aparición de la "demostración de Dios" (en particular en Anselmo de Canterbury). La existencia de Dios había de ser demostrada por razones intelectuales. Un anhelo de ese tipo sólo podía surgir cuando empezó a flaquear la antigua manera de vivenciar a "Dios" con las fuerzas del alma. Porque lo que uno vivenciaba de aquel modo no era demostrable con la lógica.

El método antiguo consistía en percibir anímicamente las inteligencias esenciales hasta llegar a la divinidad misma; el método moderno consistía en formarse intelectualmente pensamientos sobre los "fundamentos primigenios" del universo. Para el primer método, en la región espiritual inmediatamente más cercana al reino del hombre, las fuerzas de Mikael hacía que, detrás de las fuerzas mentales dirigidas hacia lo sensorial, el alma se viera dotada de facultades que le permitiesen percibir lo esencialmente inteligente en el universo; para el segundo método hizo falta crear primero una unión entre el alma y las fuerzas de Mikael.

En la esfera del culto, en amplios círculos de la vivencia religiosa, desde John Wycliffe en Inglaterra (1320 - 1384) hasta Ian de Huss en Bohemia (1369 - 1415), vemos que doctrinas tan centrales como la Eucaristía empiezan a tambalearse.

En la Eucaristía, el hombre podía encontrar su vinculación con el mundo espiritual que se le había abierto gracias a Cristo, porque podía reunirse con él ser crístico de tal modo que la unión sensorial con Él era al mismo tiempo una unión espiritual.

La conciencia del alma intelectiva o afectiva podía entender esa vinculación, porque ese alma todavía tenía ideas sobre la materia y el espíritu muy próximas entre sí, lo que permitía que la una (la materia) pudiera concebirse en un proceso de transición hacia la otra (el espíritu).Pero esas ideas no pueden ser de una índole intelectual que reclame también demostraciones para la existencia de Dios; habían de ser ideas que todavía contenían algo de las Imaginaciones. Por ello, se siente en la materia al espíritu que se halla activo en ella, y en el espíritu la tendencia hacia la materia. En las ideas de ese tipo subyacen las fuerzas cósmicas de Mikael.

Pensemos simplemente ¡cuántas cosas se tambalearon en el alma humana en esa época! ¡Cuántas que se relacionaban con sus vivencias íntimas más sagradas! Surgieron así personalidades como Wycliffe, Huss y otros, en las que brillaba al máximo la esencia del alma conciente, personalidades cuya constitución anímica las unía con las fuerzas de Mikael, con una intensidad que sólo se haría presente en los demás en los siglos posteriores. Partiendo de la voz de Mikael que surgía de sus corazones, hicieron valer el derecho del alma conciente a elevarse por sí misma para captar los misterios religiosos más profundos. Porque sentían que la intelectualidad que surgía con el alma conciente había de ser capaz de integrar, en la esfera de sus ideas, lo que en tiempos antiguos se alcanzaba mediante las Imaginaciones.

A ello se enfrenta el hecho de que, en los más amplios círculos, la antigua actitud del alma humana transmitida por la historia habría perdido toda fuerzas interior. Lo que en la historia llamamos inconvenientes de la vida confesional y que mantuvieron ocupados los grandes concilios de la Reforma en la época en que empezaba la actividad del alma conciente, todo ello se relaciona con la vida de las almas humanas que todavía no sentían en sí mismas la presencia del alma conciente, pero que, en el alma intelectiva o racional que habían heredado, ya no tenían nada que les pudieran dar fuerza interior y seguridad.

Puede decirse realmente que esas vivencias humanas históricas como las que tuvieron lugar en los concilios de Constanza y Basilea, muestran arriba, en el mundo espiritual, el descenso de la intelectualidad que quiere llegar hasta los hombres, y abajo, la región de la Tierra con el alma intelectiva o racional que ya se ha hecho obsoleta. Entre ambas regiones flotan las fuerzas de Mikael que miran atrás hacia su antigua vinculación con lo divino-espiritual, y que miran hacia abajo, hacia lo humano que había poseído también aquella misma vinculación, pero que desde ahora debía transferirse a una esfera donde Mikael ha de ayudarle desde lo espiritual, sin que Mikael mismo pueda unirse internamente con dicho reino humano. En esa labor de Mikael que es necesaria en la evolución cósmica, pero que en un principio implica un trastorno en el equilibrio del cosmos, se fundamenta lo que la humanidad en esa época había de vivenciar también con respecto a las verdades más sagradas.

Si observamos al cardenal Nicolás de Cusa, nuestra mirada penetra profundamente en el rasgo básico de esa época. (Véase mi libro "Los místicos en el alba de la moderna vida espiritual". GA 7). Su personalidad es como una señal indicadora de la época. Su intención es generalizar concepciones que luchen contra las irregularidades del mundo físico, no con tendencias de espíritu exaltado, sino reconduciendo con el sano sentido común a aquello que se ha descarriado. Observemos cual fue su actividad en el congreso de Basilea y en el seno de su propia comunidad religiosa y nos daremos cuenta de ello.

Si el Cusano tiende plenamente al giro evolutivo propio del despliegue del alma conciente, por otro lado vemos cómo también en él se manifiestan concepciones que muestran claramente las fuerzas de Mikael. El introduce en su época las buenas ideas antiguas que condujeron al sentido anímico del hombre a desarrollar facultades de percepción de las inteligencias esenciales del cosmos, cuando Mikael todavía administraba la Inteligencia cósmica. La "docta ignorancia" de la que él habla es una captación que se halla por encima de la percepción dirigida hacia el mundo sensorial, una captación que conduce el pensar más allá del intelecto -el saber común-, hacia una región en la que -en ignorancia-, lo espiritual es captado en la visión vivenciada.

Por eso Nicolás de Cusa es la personalidad que, sintiendo en su propia vida anímica el trastorno del equilibrio cósmico por parte de Mikael, intuitivamente quisiera contribuir el máximo posible a que esa perturbación se oriente en el bien de la humanidad.

Entre lo que así surge espiritualmente vivía de manera oculta otro elemento. Personalidades concretas, que tenían sentido y comprensión ante la posición de las fuerzas de Mikael en el universo, querían preparar las fuerzas de su alma de un modo que les permitiera hallar acceso conciente a la región espiritual que colinda con la terrestre y en la que Mikael realiza sus esfuerzos para la humanidad.

Buscaban hallar la justificación de esta empresa espiritual comportándose profesionalmente en su vida exterior de una manera que su existencia no se distinguiera de la de los demás. Y así, al obrar frente a lo terrestre ejerciendo con amor sus deberes más cotidianos, podían dirigir libremente lo interior de su humanidad hacia lo espiritual que hemos descripto. Y lo que hacían en esa dirección era algo que los unía "secretamente". Con respecto a lo que sucedía en lo físico, en un principio el mundo no se veía afectado aparentemente por ese quehacer espiritual, pero todo (lo que ellos hacían) era necesario para generar la imprescindible vinculación de las almas con el mundo de Mikael. No se trataba de "sociedades secretas" en su sentido peyorativo, ni tampoco algo que buscaba lo oculto por tener aversión a la luz del día. Se trataba más bien de una reunión de personas que en esos encuentros estaban convencidos de que quien pertenecía a ellos tenía una correcta conciencia de la misión de Mikael. Los que así colaboraban, no hablaban de su trabajo ante los que podrían obstruir su labor por falta de comprensión. Esas tareas se hallaban presentes primero en corrientes espirituales que no transcurren dentro de la vida terrestre, sino en el mundo espiritual más cercano al terrestre, pero que vierten sus impulsos en la vida terrenal.

Con ello hemos hecho referencia al trabajo espiritual de personas que se hallan dentro del mundo físico; pero que actúan conjuntamente con seres del mundo espiritual, seres que no penetran en el mundo físico, que no encarnan en él. Estamos refiriéndonos a lo que en el mundo se llama "rosacruces", aunque no muy de acuerdo con lo hechos. El verdadero rosacrucismo se halla plenamente en línea con la actividad de la misión de Mikael. Pues ayudaba a Mikael a preparar en la Tierra lo que él quería preparar como labor espiritual para una época posterior.

Podremos entender lo que pudo suceder con ello si dirigimos la atención a lo siguiente.

Las dificultades, incluso la imposibilidad que a menudo tiene Mikael para actuar en el interior del alma humana, y que antes hemos descripto, se relacionan con el hecho de que él mismo y sus seres no quieren entrar en contacto alguno con el presente físico de la vida terrestre. Él quiere permanecer en las condiciones dinámicas que habían existido en el pasado para los espíritus de su especie y para los hombres. Todo roce con aquello con lo que el hombre debe entrar en contacto en la actual vida física terrenal, Mikael sólo podía sentirlo como una impurificación de su propio ser. Ahora bien, en la vida humana habitual la vivencia espiritual del alma interviene en la vida física terrestre y ésta, a su vez. repercute sobre aquella. Una repercusión que se expresa en la disposición anímica del hombre y en la orientación a lo terrestre. Por regla general, -aunque no siempre-, una interacción mutua de este tipo tiene lugar en la vida pública. Por eso, los impedimentos a la acción de Mikael fueron realmente enormes en muchos reformadores.

Las dificultades a este respecto las dominaron los rosacruces manteniendo su vida exterior, en el sentido de las obligaciones terrestres, totalmente al margen de su labor con Mikael. Cuando Mikael, con sus impulsos, se encontraba con lo que el rosacruz le preparaba en su alma, no se veía expuesto al peligro de colisionar con lo terrestre. Porque con el estado anímico especial que el rosacruz había cultivado, lo terrestre se mantenía alejado de lo que le unía con Mikael.

Con ello,el empeño rosacruz auténtico creó para Mikael el camino en la tierra que conduce a su futura misión terrestre.

Goetheanum. 6 de Diciembre; 1924.

Directrices relacionadas con la anterior exposición

131- Al despuntar la época del alma conciente, el intelecto emancipado en el hombre quiere ocuparse de las verdades confesionales y del culto. Ello ha de producir en la vida anímica humana una vivencia de inestabilidad. Elementos esenciales que antes se habían experimentados anímicamente ahora quieren verse demostrados. Se busca captar con conclusiones lógicas los contenidos del culto que han de ser aprehendidos en Imaginaciones, y buscan ser captados, e incluso remodelados, de acuerdo con conclusiones lógicas.

132- Todo esto se relaciona con el hecho de que Mikael quiere evitar en todos los casos, el contacto con el actual mundo terrestre que el hombre debe recorrer, y que, por otro lado, ha de seguir dirigiendo en el hombre la intelectualidad cósmica que antaño había administrado. Ello provoca que las fuerzas de Mikael hagan surgir en el progreso de la evolución del mundo un necesario trastorno del equilibrio cósmico.

133- Mikael ve facilitada su misión gracias a ciertas personalidades, los auténticos rosacruces, que conforman su vida terrestre exterior sin intervenir para nada en su vida anímica interna. Con ello pueden desarrollar en su interior fuerzas que les permiten colaborar espiritualmente con Mikael, sin que él se vea amenazado por el peligro de verse imbricado en el actual acontecer terrenal, lo que para él sería imposible.


Nota:

Este segundo estudio se complementa con una Tercera parte.


Camelot. Iniciativa Antroposófica.

Rudolf Steiner. Pensamientos Guías - (GA 26).