1 - En El Alba de la Era de Mikael
En el Alba de la Era de Mikael
Rudolf Steiner. 17 de Agosto; 1924. | GA (26)
Disponible: Enero 2026.
Hasta el Siglo IX después del Misterio del Gólgota el hombre tenía ante sus pensamientos una relación distinta a la que tuvo después. No tenía la sensación de que él mismo estuviera creando los pensamientos que vivían en su Alma. Los consideraba como inspiraciones de un Mundo Espiritual. Y aunque tuviera idea sobre lo que percibía con los sentidos, para él los pensamientos eran revelaciones de lo divino que le hablaba a partir de las cosas sensoriales
Quien tenga percepciones espirituales comprende esa sensación, porque cuando algo espiritual real se comunica al alma, no se tiene nunca la sensación de que ahí se halla la percepción espiritual y que uno mismo se encarga de formar los pensamientos para entender lo percibido, sino que uno mismo contempla el pensamiento contenido en la percepción y que viene dado con ella, con tanta objetividad como ésta.
Con el siglo IX (naturalmente habrá que considerar esas fechas como un período intermedio, porque el proceso de transición se produce paulatinamente) brilló en el alma humana la inteligencia personal-individual. El hombre sentía: yo genero los pensamientos. Y esa formación de los pensamientos se convirtió en lo más sobresaliente en la vida anímica, de manera que, para los que pensaban, la esencia del alma humana se hallaba en el comportamiento inteligente. Anteriormente se tenía una representación imaginativa del alma humana. Se veía su esencia no en las imágenes de los pensamientos, sino en el hecho de que participara en el contenido espiritual del mundo. Los seres espirituales suprasensibles se los consideraba con el pensamiento, y ellos influían en el alma humana, y también introducían su pensar en ella. Lo que de ese modo vivía del mundo suprasensible en el hombre, lo sentía él como alma.
Tan pronto como penetramos en el mundo espiritual con la visión, nos acercamos a potencias espirituales concretas. En las antiguas enseñanzas se llamaba con el nombre de Mikael al poder del que fluían los pensamientos de las cosas. El nombre es algo que puede retenerse y entonces puede decirse: los hombres antaño recibían los pensamientos de Mikael. Pues Mikael regía la inteligencia cósmica. Pero desde el siglo IX en adelante los hombres dejaron de sentir que Mikael les inspiraba los pensamientos. Éstos se habían sustraído a su dominio, y se precipitaron desde el mundo espiritual al interior de las almas humanas individuales.
A partir de entonces, se formó el pensamiento dentro de la humanidad. En un principio se estaba inseguro de lo que nos ofrecían las ideas. Esa incertidumbre vivía en metamolas doctrinas escolásticas. Los escolásticos se dividieron en Realistas y Nominalistas. Los realistas, cuyos guías fueron Tomás de Aquino y los que le eran afines, sentían todavía la antigua correspondencia entre las ideas y las cosas. Por consiguiente veían en los pensamientos algo real que vive en las cosas. Las ideas del hombre eran consideradas como algo que fluye como realidad desde las cosas hacia el alma. Los Nominalistas sentían intensamente el hecho de que el alma genera sus pensamientos, y por tanto sentían las ideas como algo subjetivo que vive en el alma y que no tiene nada que ver con las cosas. Para ellos los pensamientos eran simplemente nombres creados por el hombre para denominar las cosas. (No se hablaba de "pensamientos", sino de "universales"; pero para lo esencial eso no entra en consideración, porque las ideas poseen siempre un aspecto universal en su relación con las cosas particulares).
Puede decirse, pues, que los Realistas querían mantenerse fieles a Mikael; aun cuando los pensamientos hubiera caído desde su reino, ellos querían servir , en su pensar, a Mikael como príncipe de la inteligencia. Los Nominalistas llevaron a cabo en la parte subconciente del alma la caída de Mikael. No consideraban a Mikael sino al hombre como propietario de los pensamientos.
El Nominalismo se fue extendiendo y ejerció cada vez más su influencia hasta el último tercio del siglo XIX. En esa época, los hombres que entienden algo de los acontecimientos espirituales que tiene lugar en el cosmos sintieron que Mikael había vuelto a reunirse con la corriente de la vida intelectual, buscando una nueva metamorfosis de su misión cósmica. Hasta entonces Mikael había dejado que los pensamientos fluyeran en las almas humanas desde el mundo espiritual exterior; desde el último tercio del siglo XIX quien vivir dentro de las almas humanas en las que se forman los pensamientos. Hasta ese momento, las personas afines a Mikael, veían cómo él desarrollaba su actividad en la región del espíritu. Pero ahora reconocen que han de permitir que Mikael habite en sus corazones, consagran a él su vida espiritual portada por los pensamientos y dejan que en la vida cogitativa individual y libre, Mikael les enseñe cuáles son las caminos adecuados para el alma.
Hombres que en su vida precedente sobre la Tierra se habían situado en la esencia del pensamiento inspirado, y por tanto eran servidores de Mikael, vueltos a la vida terrestre a finales del siglo XIX, se sintieron impulsados a generar esa comunidad Mikaelita voluntaria y libremente. Y desde ese momento consideraron a su antiguo inspirador de los pensamientos como aquel que los conduce hacia el pensamiento superior.
Quien sabe prestar atención a esas cosas puede averiguar el enorme giro que se produjo en el último tercio del siglo XIX en lo que se refiere a la vida pensante del hombre. Hasta ese momento, el hombre sólo podía sentir cómo su propio ser formaba los pensamientos; pero después de ese momento él puede elevarse sobre su propio ser y dirigir el sentido hacia lo espiritual; entonces se le presenta Mikael y se le manifiesta como ser afín con el tejer de los pensamientos desde muy antiguo. Él libera los pensamientos desde la región de la cabeza y les abre camino hacia el corazón; libera el entusiasmo desde el ánimo humano de tal modo que el hombre pueda vivir con entrega anímica a todo lo que se pueda experimentar en la luz del pensamiento. La época de Mikael ha amanecido, los corazones empiezan a tener pensamientos; el entusiasmo ya no emana de la mera oscuridad mística, sino de la claridad del alma llevada por el pensamiento. Entender esto implica acoger a Mikael en nuestro fuero íntimo. Los pensamientos que hoy buscan captar lo espiritual han de surgir de corazones que palpitan por Mikael como el flamígero príncipe de los pensamientos del universo.
Directrices relacionadas
79- Podemos acercarnos espiritualmente a la Tercera Jerarquía (Ángeles; Arcángeles; Principados) cuando aprendemos a conocer el pensar, sentir y querer de tal modo que percibamos en ellos el aspecto espiritual que actúa en el alma. En principio, el pensar solamente introduce imágenes en el mundo y no algo real. El sentir se entreteje en esas imágenes, habla de algo real en el hombre pero no puede realizarlo. El querer despliega una realidad que presupone la presencia del cuerpo, pero que en su formación no colabora concientemente. Lo esencial que vive en el pensar para convertir el cuerpo en fundamento de ese pensar, lo esencial que vive en el sentir para hacer que el cuerpo tenga la experiencia de convivir con esa realidad, y lo esencial que vive en el querer para colaborar concientemente en su formación, todo ello vive en la Tercera Jerarquía.
80- Podemos acercarnos espiritualmente a la Segunda jerarquía (Potestades; Virtudes; Dominaciones) cuando contemplamos los hechos de la naturaleza como manifestaciones de algo espiritual que vive en ellos. La Segunda Jerarquía habita en la naturaleza para actuar en ella sobre las almas.
81- Podemos aproximarnos a la Primera Jerarquía (Serafines, Querubines; Tronos), cuando contemplamos los hechos existentes en el reino natural y el humano, como actos (creaciones) de algo espiritual que obra en ellos. El efecto de la Primera Jerarquía es los reinos naturales y humano, y se despliega dentro de ellos.
82- El hombre eleva la mirada a los mundos estrellados; lo que ahí se ofrece a los sentidos, son sólo las manifestaciones exteriores de las entidades espirituales y sus actos, que en las exposiciones anteriores hemos denominado seres del reino espiritual (Jerarquías).
83- La Tierra es el escenario de los tres reinos naturales y del reino humano, en la medida en que estos revelan en la apariencia sensorial la actividad de entidades espirituales.
84- Las fuerzas que intervienen en los reinos naturales y en el reino humano desde los seres espirituales, se desvelan al espíritu humano mediante el verdadero conocimiento espiritual de los mundos estrellados.