PG 168 - 170. | El Hombre. Entidad Macrocósmica
El Hombre en su entidad Macrocósmica
EL cosmos empieza por revelarse al hombre desde la Tierra por un lado, y desde el mundo estelar extraterrestre por el otro.
El hombre se siente emparentado con la Tierra y sus fuerzas. La vida le muestra palpablemente ese parentesco. Más en la época actual no se siente tan emparentado con el mundo de lo astros. Eso durará mientras no sea conciente de su cuerpo etéreo. Captar el cuerpo etéreo en Imaginaciones implica desarrollar un pensamiento de pertenencia al mundo de los astros, tan intenso como el que tiene con la tierra gracias a la conciencia de su cuerpo físico.
Las fuerzas que sitúan el cuerpo etéreo en el cosmos proceden de la periferia del universo, así como las del cuerpo físico irradian desde el centro de la Tierra.
Pero como fuerzas etéreas, que afluyen a la Tierra desde la periferia cósmica, vienen también los impulsos universales que actúan en el cuerpo astral del hombre.
El Éter es como un mar en el que, nadando, se aproximan a la Tierra las fuerzas astrales desde las lejanías cósmicas en todas direcciones. En la época actual universal, sólo los reinos mineral y vegetal pueden relacionarse directamente con lo astral que afluye sobre la Tierra sobre las olas del éter. Todavía no pueden hacerlo los reinos animal y el humano.
En el caso del reino animal, la visión espiritual muestra cómo en el embrión no vive la astral que confluye sobre la Tierra en el presente, sino lo astral que afluyó en la época de la Antigua Luna.
En lo que se refiere al reino vegetal, se percibe cómo se forman las magníficas formas múltiples, porque lo astral se desprende del éter y opera sobre el mundo de las plantas.
En el mundo animal se descubre cómo, desde lo espiritual, se ha preservado lo astral que se hallaba activo en el pasado, en la antigua evolución lunar, obrando como algo conservado que permanece actualmente en el mundo espiritual sin salir hacia el mundo etéreo.
La acción de ese elemento astral se ve también potenciada por las fuerzas lunares que asimismo han permanecido en el estadio precedente de la Tierra.
Por consiguiente, tenemos en el reino animal el resultado de impulsos que en el estadio terrestre anterior se manifestaron exteriormente en lo natural; mientras que en la época actual del cosmos se han retirado al mundo espiritual que impregna la Tierra activamente.
Ahora bien, la visión espiritual percibe que, dentro del reino animal, las fuerzas astrales conservadas para lo terrestre actual desde una época precedente son importantes exclusivamente para permitir que el cuerpo astral penetre los cuerpos físico y etéreo. Pero una vez que el animal posee su cuerpo astral, surgen en éste los impulsos solares activos. Las fuerzas solares no pueden darle nada astral al animal; pero una vez que éste se ha convertido en animal, deben intervenir para su crecimiento, nutrición, etc.
La situación es distinta en el reino humano. Éste también recibe, su elemento astral, de las fuerzas lunares preservadas. Pero las fuerzas solares contienen impulsos astrales que no actúan en el reino animal, sino que obran en las astralidad humana, del mismo modo lo hicieron las fuerzas lunares cuando dotaron por primera vez al hombre de su astralidad.
En el cuerpo astral animal contemplamos el mundo lunar, en el humano observamos la sintonía armónica entre el mundo solar y el lunar.
El hecho de que el hombre pueda acoger lo espiritual que irradia en la Tierra para desarrollar la autoconciencia, se basa en ese aspecto solar del cuerpo astral humano. Lo astral fluye desde la periferia del cosmos. Y o bien actúa como tal, fluyendo en el presente, o como algo que afluyó en el pasado y se ha mantenido preservado. Mas todo lo que se refiere a la formación del yo como portador de la autoconciencia ha de irradiar desde un centro estelar. Lo astral obra desde la periferia, lo "yoico" lo hace desde un centro. La Tierra como astro impulsa desde su centro al yo humano. Cada astro irradia fuerzas desde su centro desde las cuales se conforma el yo de toda entidad.
De ese modo se manifiesta la polaridad entre centro estelar y periferia cósmica.
Por lo antedicho, se descubre asimismo que el reino animal se muestra hoy todavía como resultado de fuerzas evolutivas anteriores del ser terrestre, que utiliza las fuerzas astrales preservadas, pero que habrá de desaparecer una vez que hayan sido utilizadas. Por el contrario, en el hombre se adquieren nuevas fuerzas astrales desde lo solar, y eso permite llevar su evolución hacia el futuro.
De todo ello podemos colegir que no se puede entender al hombre, en su esencia, si no no hacemos conscientes de su relación con la existencia de los astros, tal como lo somos de su relación con la Tierra.
Lo que el hombre recibe de la Tierra para el desarrollo de su conciencia se basa también en el mundo espiritual activo dentro de lo terrestre. El hecho de que lo solar le dé al hombre lo que necesita para su cuerpo astral, procede de las actividades que tuvieron lugar en la época del antiguo Sol. En aquel entonces la Tierra adquirió la posibilidad de desarrollar los impulsos yoicos de la humanidad. Es lo espiritual de aquella época lo que la Tierra ha mantenido desde la época solar, pero que por la actual actividad del sol se mantiene alejado de los procesos de muerte.
La Tierra fué antaño un Sol. Luego se espiritualizó. Y en la presente era universal, lo solar actúa desde fuera. Eso rejuvenece constantemente todo lo lo espiritual que envejecía procedente del pasado. Al mismo tiempo, ese aspecto solar que obra hoy en día evita que lo pasado caiga en manos de lo luciférico. Porque todo aquello que sigue actuando procedente del pasado, sin ser acogido en las fuerzas del presente, se precipita en lo luciférico.
Podemos decir que el sentimiento humano de pertenencia al cosmos extraterrestre actual se halla tan debilitado en esta época que ni siquiera llega hasta su conciencia. Y no solamente se halla atenuado, sino hasta eclipsado por el sentimiento de pertenencia a la Tierra. Y como el hombre ha de hallar su autoconciencia en la Tierra, en la época del alma conciente, se fusiona con ella dejando que lo terrestre actúa sobre él con mucha más intensidad de lo que sería compatible con el adecuado transcurso de su vida anímica. En cierto sentido, el hombre se halla ensordecido por las impresiones del mundo sensorial, y en esa actividad no llega al pensar libre que vive en su interior.
Todo el período que transcurre desde mitades del siglo XIX es un período de ensordecimiento provocado por las impresiones sensoriales. Y la gran ilusión que se vive en esa época consiste en haber adoptado la vida sensorial demasiado intensa como si fuera la correcta. Es la vida de los sentidos cuyo objetivo era desvanecer totalmente la vida en el cosmos extraterreno.
En ese ensordecimiento, los poderes ahrimánicos podían desarrollar su ser. Lucifer había sido mantenido a raya por lo solar, mucho más que Ahrimán, dispuesto a provocar en los hombres de ciencia la peligrosa sensación de que las ideas sólo son aplicables a las impresiones sensoriales. Y por eso, en esos círculos la Antroposofía encuentra tan poca comprensión. Uno se halla frente a los resultados del conocimiento espiritual e intenta entenderlos con las ideas. Pero esas ideas no captan lo espiritual, porque su vivencia se halla aturdida por el conocimiento sensorial ahrimánico. Ello hace que se tema caer en el acto de fe por la autoridad si se aceptan los resultados del que percibe espiritualmente.
El cosmos extraterrestre se hizo cada vez más oscuro para la conciencia humana en la segunda mitad del siglo XIX.
Cuando el hombre vuelva a ser capaz de vivenciar las ideas sin dirigirse con ellas al mundo sensorio, en ese momento la mirada hacia el cosmos extraterrestre volverá a verse iluminada. Pero eso equivale a descubrir a Mikael en su reino.
Cuando la festividad de Mikael en otoño se verdadera e íntima, en la sensibilidad de los hombres que la celebren se liberará con la máxima honestidad el leitmotiv que vivirá en la conciencia: El alma vivencia la luz espiritual pletórica de ideas cuando la apariencia sensorial resuena solamente como recuerdo en el hombre.
Cuando el hombre sea capaz de vivenciar eso, con la disposición anímica resultante de esa festividad, podrá sumergirse de nuevo en el mundo de los sentidos del modo adecuado. Y Ahrimán no podrá perjudicarle.
Goetheanum. Enero de 1925.
Directrices relacionadas con la exposición anterior
168- Al empezar la época del alma conciente se produjo en el hombre una disminución del sentimiento de pertenencia al cosmos extraterrestre. En contraposición a ello, y particularmente en los hombres de ciencia, el sentimiento de pertenecer a la Tierra se hizo tan intenso que acabó convirtiéndose en una especie de ensordecimiento.
169- En esa sordera intervienen los poderes ahrimánicos con especial peligrosidad, porque el hombre vive en la ilusión de que la vivencia aturdidora, y demasiado intensa, de las impresiones sensoriales es el estado correcto y constituye un verdadero avance en la evolución.
170- El hombre ha de hallar la fuerza para iluminar y sentir iluminado el mundo de sus ideas, aun cuando con ellas no se dirija hacia el ensordecedor mundo sensorial. en esa vivencia del mundo de las ideas, iluminado en su independencia, se despertará el sentimiento de pertenencia al cosmos extraterrenal. Y de ahí surgirá el fundamento para la Festividad de Mikael.