8 - La Misión de Mikael en la Era de la Libertad Humana
La Misión de Mikael en la Era de la Libertad Humana
Rudolf Steiner. 9 de Noviembre; 1924. | GA (26)
Disponible: Enero 2026.
Cuando actualmente nos acercamos a la acción de Mikael con nuestra vivencia del espíritu, descubrimos la posibilidad de iluminar, de un modo científico espiritual la esencia cósmica de la libertad.
Eso no se refiere solamente a mi 'Filosofía de la Libertad'. Ésta surge a partir de las fuerzas cognoscitivas puramente humanas cuando quieren dirigirse hacia el campo de lo espiritual. En ese caso, para conocer lo que conocemos aquí no necesitamos todavía converger con seres de otros mundos. Pero puede decirse que la 'Filosofía de la Libertad' nos prepara par reconocer, en la libertad, lo que puede experimentarse con la compañía espiritual de Mikael.
¿Y qué es lo que podemos experimentar?
Si la libertad ha de vivir realmente en la acción humana, lo que se haga bajo su luz de ningún modo ha de depender del organismo físico y etéreo del hombre. Lo "libre" sólo puede realizarse a partir del "Yo"; y el cuerpo astral ha de ser capaz de vibrar en consonancia con la voluntad libre del "Yo", a fin de trasferirlo a los cuerpos físico y etéreo. Pero eso es únicamente un aspecto de la cuestión. El otro se hace transparente al relacionarlo con la misión de Mikael. Lo que el hombre vivencia en libertad tampoco debe actuar de cualquier manera sobre sus cuerpos físico y etéreo. Si así sucediera, el hombre tendría que salirse plenamente de aquello en lo que se ha convertido en las diversas etapas de su evolución bajo la influencia de la entidad divino-espiritual y de la revelación divino-espiritual respectivamente.
Lo que el hombre vivencia con lo que sólo es obra divino-espiritual en su entorno, sólo ha de tener influencia sobre su espíritu (su Yo). Únicamente puede influenciar sus cuerpos físicos y etéreo aquello que comenzó en el ser y en la revelación de lo divino-espiritual y que a lo largo de la corriente evolutiva no ha continuado actuando en su mundo circundante, sino dentro de su ser. Pero eso no ha de actuar en la entidad humana conjuntamente con el elemento de la libertad.
Y ello sólo es posible porque Mikael trae desde el remoto pasado evolutivo algo que ofrece al hombre una relación actual con lo divino donde ya no se interviene en la formación física y etérea. Con ello se desarrolla, en la misión de Mikael, el terreno para que se establezca una comunicación del hombre con el mundo espiritual que de ningún modo interviene en lo que es de índole natural.
Es estimulante contemplar cómo la entidad del hombre será elevada hacia la esfera espiritual por Mikael, mientras lo inconciente y lo subconciente que se despliegan por debajo de la esfera de la libertad, van fundiéndose cada vez más con lo material.
La posición del hombre ante el ser universal se hará cada vez más ininteligible si, además de sus relaciones con lo seres y procesos naturales, no admite las que tiene que ver con la misión de Mikael. Aprenderemos a conocer las relaciones con la naturaleza com algo que con templamos desde fuera; las relaciones con el mundo espiritual surgen de un elemento que, en cierto modo, constituye una conversación interior con algo que tiene que ser propio y a lo que podemos tener acceso cuando hemos entrado en la concepción del mundo adecuada al espíritu.
Por consiguiente, para poder expresar los impulsos de la libertad, el hombre ha de ser capaz de mantener alejadas de su propio ser ciertas repercusiones procedentes del cosmos y que le afecten. Si en la conciencia rigen las fuerzas que expresan en libertad la vida del Yo, ese alejamiento tendrá lugar entonces en el subconciente. Para la percepción humana interior, la conciencia de la acción en libertad existe; la cosa es distinta para los seres espirituales que están vinculados con el hombre desde otras esferas del cosmos. Cuando el hombre actúa en libertad, el ser de la Jerarquía de los Ángeles, que tiene que ver con el avance de la existencia humana en las diversas vidas terrenales de inmediato percibe que el hombre aparta de sí fuerzas cósmicas que quieren seguir formándolo, que quieren darle a la organización de su Yo el necesario soporte físico, tal como lo habían hecho antes de la Era de Mikael.
Como ser de la Jerarquía de los Arcángeles, Mikael recibe sus impresiones con ayuda de los seres de la Jerarquía de los Ángeles. Se dedica a la tarea de proporcionar al hombre, desde la región espiritual del cosmos, y del modo antes descripto, las fuerzas que pueden sustituir a las que se hallan sometidas a la existencia natural.
Eso lo consigue poniendo su actividad en la más perfecta sintonía con el Misterio del Gólgota.
En la actividad de Cristo dentro de la evolución de la Tierra se hallan las fuerzas que el hombre, al actuar en libertad, necesita para compensar los impulsos sometidos a la naturaleza. Y entonces el hombre tan solo ha de hacer que su alma entre en convivencia interior con Cristo, tal como lo describimos en estas comunicaciones sobre la misión de Mikael.
Cuando se halla frente al sol físico y recibe su luz y calor, el hombre se siente sumergido en una realidad.
Del mismo modo ha de vivir ante Cristo, el sol espiritual que ha unido su existencia con la Tierra, y acoger de manera viviente en su alma lo que en el mundo espiritual corresponde a la luz y el calor.
El hombre se sentirá impregnado por el "calor espiritual", si vivencia a "Cristo en sí". Y al sentir esa impregnación se dirá: "ese calor desprende tu entidad humana de lazos con el cosmos en los que no debieras permanecer. La existencia divino-espiritual de las épocas más remotas, con el fin de que alcanzaras la libertad, había de conducirte hacia regiones en las que dicha existencia no podía permanecer junto a tí, si bien te dió a Cristo en éllas para que sus fuerzas te otorgaran, como ser humano libre, lo que antaño la existencia divino-espiritual te había dado por medio de la naturaleza, y que en aquel entonces era así mismo el camino espiritual. Ese calor te vuelve a conducir hacia lo divino de donde tu procedes".
En ese sentimiento irá creciendo en íntimo calor anímico la vivencia en Cristo y con Cristo, y la experiencia de la verdadera esencia de lo humano. "Cristo me otorga mi entidad humana", ese será el sentimiento fundamental que alentará y ondeará en el alma.Y en el momento en que ese sentimiento fundamental exista, se agregará el otro,en el que el hombre se siente elevado por Cristo, por encima de la mera existencia terrestre, sintiéndose identificado con el entorno sideral de la Tierra y con todo lo que en dicho entorno cósmico se puede reconocer como divino-espiritual.
Lo mismo sucede con la luz espiritual. El hombre puede sentirse bien en su entidad humana al tomar conciencia de sí mismo como individualidad. Pero a su vez eso va unido a un oscurecimiento. Lo divino-espiritual delos tiempos primigenios ya no brilla. En la luz que el Cristo trae al yo humano, vuelve a estar presente la luz primordial. En esa convivencia con Cristo puede emerger en el alma el pensamiento sublime: "la gloriosa luz divina de los tiempos primigenios vuelve a estar presente, brilla, aunque su resplandor no sea de índole natural". Y el hombre se reúne en el presente con las fuerzas luminosas cósmicas del pasado, en las que él no era todavía una individualidad libre. Y en esa luz puede encontrar los caminos que conducen correctamente a su entidad humana, cuando en su alma se vincula en plena comprensión, con la misión de Mikael.
Entonces el hombre sentirá, en el calor del espíritu, el impulso que lo conduce hacia su futuro cósmico, de tal modo que en éste puede permanecer fiel a los dones primigenios de sus entidades divino-espirituales, a pesar de que él mismo no se haya desarrollado en dichos mundos hasta convertirse en individualidad libre. En la luz del espíritu encontrará la fuerza que, por la percepción, le conduce a una conciencia superior y más amplia del mundo dónde vuelve a encontrarse a sí mismo, como hombre libre, junto a los dioses de su origen.
Permanecer estancado en la existencia del origen, querer retener la bondad originaria e ingenua de los dioses que imperaba en el hombre, y retraerse ante el ejercicio de la libertad en el mundo actual, en el que todo está preparado para el desarrollo de su libertad, todo ello conduce al hombre hacia Lucifer, que quiere que neguemos el mundo presente.
Dedicarse a la existencia actual, querer que sólo impere la naturaleza cósmica accesible ahora al intelecto, que se comporta de la manera neutral con respecto al bien, y pretende vivir el ejercicio de la libertad únicamente en el intelecto, todo ello hace que, en ese mundo del presente cuya evolución habrá de avanzar hacia regiones anímicas más profundas, porque en las superiores rige la libertad, el hombre sea conducido hacia Ahriman, que quisiera ver el mundo presente totalmente transformado en un cosmos de lo intelectual.
En esas regiones donde, al dirigir su mirada hacia el mundo exterior, el hombre se siente contemplando espiritualmente a Mikael, y al dirigirla hacia el interior del alma contempla espiritualmente a Cristo, es en esas regiones donde va arraigando a Cristo, es en esas regiones donde va arraigando aquella certidumbre del alma y del espíritu que le permiten recorrer el sendero cósmico en el que ha de hallar la adecuada culminación de su futuro, sin que con ello pierda su origen.
Goetheanum. 9 de Noviembre; 1924.
Directrices relacionadas
118- Sólo puede ser libre la acción en la que no interviene ningún acontecer natural dentro o fuera del hombre.
119- A ello se le enfrenta, como polo opuesto, el hecho de que, en la actividad libre de la individualidad humana, se refrena un proceso natural que estaría presente en la acción no libre y le daría a la entidad del hombre una configuración cósmicamente predeterminada.
120- Al hombre que convive en su ser con el presente y el futuro estadio evolutivo del mundo, esa configuración no se la dan las vías naturales, sino los medios espirituales, cuando uno mismo se vincula con Mikael y ello le permite a su vez encontrar el camino hacia Cristo.