Saltar a contenido

La esencia de la Piedra Fundamental - F. W. van Emmichoven.

La Esencia de la Piedra Fundamental

Fragmento:

Libro de F. W. Zeylmans van Emmichoven: 'La Piedra Fundamental'. / Págs 76 - 79.

Rudolf Steiner llamó a la Piedra Fundamental una "formación dodecaédrica, imaginativa de amor", que ante nuestro ojo del alma resplandecerá: "Esa Piedra Fundamental, cuya sustancia consiste en amor cósmico-humano; su formación la recibe de la imaginación cósmico-humana, y su luz brillante de los pensamientos cósmico-humanos, luz que en todo momento en que recordemos este instante podrá imprimir su resplandor a nuestro actuar, nuestro pensar, nuestro sentir, nuestro querer"

Podemos imaginarnos que esas tres fuerza que forman la Piedra Fundamental se hallan en relación directa con las tres jerarquías superiores, que se describen también como Espíritus Fuerzas, Espíritus Luz y Espíritus Alma. En ese mundo de las jerarquías probablemente habrán actuado las fuerzas que Rudolf Steiner invocó como amor cósmico, imaginación cósmica, y pensamientos cósmicos. Pero donde la Piedra Fundamental aparece como formación doble, la otra parte recibe su forma del amor humano, de la imaginación humana, de los pensamientos humanos. Nos encontramos ante la sublime y apenas concebible idea de que en el curso de milenios debe haberse creado en el seno de las jerarquías, esa formación primitiva que finalmente llega a nosotros como piedra de amor.

No es difícil imaginar la primera jerarquía -Serafines; Querubines, Tronos- como portadores del amor cósmico, pues se trata de la jerarquía que recibe directamente de las alturas divinas el plan del Universo y emplea sus fuerzas para ejecutarlo. Los Serafines hacen irradiar en nuestro sistema solar en formación, el amor creador de Dios Padre como amor creador resplandeciente. Los Querubines penetran con sabiduría divina las fuerzas de amor, aún caóticas pero inmensamente poderosas, armonizándolas. Los Tronos, en virtud de su fuerzas de sacrificio, hacen posible que de ese amor divino se genere el mundo en que la humanidad podrá desenvolverse. Con sublime gracia y benevolencia ellos sostienen el sistema solar que va formándose. Vemos pues, que el amor que fluye a través de los tres coros de la primera jerarquía da, en verdad, la sustancia de la Piedra Fundamental, porque esta jerarquía es la que genera seres que existen por sí mismos y que pueden seguir desenvolviéndose.

Pero es más difícil comprender cómo la segunda jerarquía, Dominaciones, Virtudes y Potestades, o Espíritus Luz, confiere a la Piedra Fundamental la expresión imaginativa y configuración. Siempre se trata del efecto de imaginaciones cósmicas. Teniendo presente lo que en la "Ciencia Oculta" y en muchas conferencias Rudolf Steiner dice con respecto a la segunda jerarquía, sabemos que élla siempre tiene que ver con la luz; en la luz se tejen lo arquetipos de la divinidad. Durante el período evolutivo del Sol, las Dominaciones irradian su esencia como virtud donante; y desde la esfera circundante en que actúan los Arcángeles, se refleja esta virtud donante y aparece como luz; pero es luz interior que todavía no resplandece, como el sol actual resplandece en el cielo. De todos modos, se trata del nacimiento de la luz, mientras que el antiguo Saturno aún estaba envuelto en oscuridad.

En la incorporación posterior de nuestro planeta, esto es, en la fase lunar de la evolución, se manifiesta el obrar de las Virtudes ; y en el ser humano nace el cuerpo astral, lleno de anhelo de espíritu. Las Virtudes satisfacen este anhelo, transmitiéndole al cuerpo astral imaginaciones cósmicas. Por primera vez aparece una especie de conciencia, todavía comparable con nuestra conciencia onírica, que sólo se expresa en imágenes. después,en la actual evolución de la Tierra, a partir del período lemuriano apareció el obrar de las potestades, igualmente un obrar en la luz, puesto que la actividad de las Potestades, como Espíritus de la Forma, que provocan la apariencia de las formas de los seres, no ser realizan dentro de lo sólido, lo impenetrable de las formaciones terrestres, sino precisamente allí donde las figuras como tales surgen de la luz. realizan su actividad, por decirlo así, donde las formas se hallan en el deslinde con el mundo espiritual.

Se trata pues, de un triple obrar solar. La luz genera formas, pero siempre en imágenes, en lo imaginativo. Obran imaginaciones cósmicas, y éstas dan a la Piedra Fundamental su forma. Los pensamientos cósmicos que encuentran su expresión a través de la Piedra Fundamental, los produce la tercera jerarquía, los Principados, Arcángeles, Ángeles, llamados también Espíritus Almas. En un sentido más profundo, la actividad de todos ellos se basa en el pensar, en el pensar cósmico. Los Ángeles, como muchas veces ha sido descripto, tiene que ver con la percepción sensorial, y actúan de tal manera que conciben espontáneamente los fenómenos que aparecen en torno al hombre. Se trata de un pensar concentrado. Es significativo que el ojo, como órgano sensorio por excelencia, es una dilatación del cerebro. Cuando con la mirada se capta algo del mundo exterior, con ello ya se recibe, en un sentido más profundo, todo el contenido de lo captado, si bien hace falta elevarlo al conocimiento, por medio de la intuición espiritual.

Los Arcángeles actúan en la esfera en que, dentro del alma, se realiza la actividad del pensar. Al respecto, no se trata de contenidos espontáneamente dados, sino de aquello en que el alma los transforma al ocuparse de los contenidos en su pensar.

Los Principados finalmente conservan los pensamientos en las imágenes de la memoria. El hombre que se abandona a sus recuerdos igualmente practica el pensar, pero a través de fuerzas inconcientes, o semiconcientes.

Se entiende que en estas tres forms del pensar las fuerzas del alma, o sea, el representarse, el sentir y el querer, actúan cada una de distinta manera. En los recuerdos surgen las representaciones desde esferas escondidas de la voluntad, donde, en el cuerpo etéreo se suscitan, resurgen, despertadas por el yo. El proceso del pensar, en sentido propio, constituye esencialmente una actividad que siempre alterna entre el pensar y el querer, y donde, en un sentido profundo, también tenemos las fuerzas del pensar fundamental, pero hace falta despertarlas plenamente, por medio de las otras dos actividades.

Por los pensamientos cósmicos que se suscitan de tal manera, los tres coros de la tercera jerarquía donan a la Piedra Fundamental su luz resplandeciente.

La meditación de la Piedra Fundamental ha de conducirnos a conocer esas actividades creadoras de las jerarquías superiores y a expresarles entonces nuestro amor, nuestras imaginaciones y nuestros pensamientos, para que la Piedra Fundamental exista, no fuera de nosotros, meramente como formación jerárquica, sino que siempre de nuevo se genere en nosotros. En virtud de ello, se convierte en nosotros en una alma cósmico-humana que genera un cuerpo cósmico-humano.